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martes, 23 de abril de 2013

El mundo amarillo.

"La memoria es tan selectiva..." (Albert Espinosa)

jueves, 11 de abril de 2013

Y tú... ¿Qué quieres tú?

Capítulo 13: Aprender a caer antes que a caminar

Finalmente decidí salir en su rescate. 
-¿Es tan buena esa película como dice? 
Le rescaté. 
-Es la mejor. -Volvió a recuperar su felicidad-. Te propongo algo: quédate aquí tres días, te enseñaré a ser fuerte con el deporte, veremos cada noche un clásico de vida y revelaremos lentamente las fotos... Ocho antes de cada amanecer. 
-¿Y luego?... -Pregunté-. Tras los tres días... Me imaginaba la respuesta, pero quería escucharla de sus labios. 
-Luego deberás volver. Pero lo importante es que durante tres noches pararemos el mundo.
-¿Pararemos el mundo? 
Asintió. 
Me tocó por segunda vez el hombro y en esa ocasión, además, me acarició el cabello con suavidad.
-¿Nunca has parado el mundo? 
-¿Qué es parar el mundo? 
- Parar el mundo es decidir conscientemente que vas a salir de él para mejorarte y mejorarlo. Para poder moverte y moverlo mejor. 
>>En ese tiempo debes intentar que nada ni nadie te cree problemas. 
>>Alimentarte de buena literatura, de buen cine y, sobre todo, de la conversación de una única persona que te inspire en este mundo. ¿Y sabes qué...? 
-¿Qué? -Dije emocionado y fascinado. 
-Luego el mundo te premia. El universo conspira a favor de los que lo mueven. Y ésos son los que lo paran. ¿Tú quieres mover el mundo o que te mueva? 
-Moverlo -dije con seguridad-. ¡Moverlo! 
Él se unió a mí y comenzó a gritar conmigo: <<Moverlo, moverlo>>. 
Y todo lo que lo moveríamos... Parándolo...

Albert Espinosa

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Recordar y cambiar.

"Lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso.
Quizá lo que más me impacta es que, siempre que vuelves el recuerdo es diferente.
Y si el recuerdo es diferente, uno lo acaba siendo también, porque ahí están tus raíces y si tus raíces cambian, también cambiará tu tronco..."

jueves, 8 de noviembre de 2012

Si me dices ven lo dejo todo... Pero dime ven

>>Desde los siete años me enamoré de esa pasión incontrolable a la que llaman "juego".
>>Aunque yo al juego le he llamado siempre "vida". Vida con azar, porque, ¿la vida no es azar también, joven Dani?
Afirmé levemente. No podía dejar de mirarlo. Sus ojos habían virado del cansancio a la pasión.
-Cuando fui más mayor empecé a jugar al póquer -continuó-. Pero ése era su juego. Jamás podría ser mejor que mi padre. Él me lo enseñó todo, pero nunca lo dominé.
>>Corazones, diamantes, tréboles y picas eran su pasión pero no la mía.
>>Me enseñó una regla básica aplicable a cualquier juego: "Siempre apuesta lo que no necesites". Eso es lo más importante para no arruinar tu vida ni la de los que te rodean... "Jamás lo incumplas, jamás", me suplicó mi padre muchas veces.
>>Con diez años me jugaba la mitad de mi semanada; con veinte años, la mitad de mi sueldo. Pero nunca perdí el control; siempre aposté lo que no necesitaba, el resto era para vivir.
>>También me mostró que el goce de ganar nunca debía ser superior al de perder.
>>Perder puede ser gozoso, pues te hace entender mejor el valor de ganar. Además, con el tiempo, las pérdidas siempre se acaban convirtiendo en ganancias.
Dejó de respirar unos segundos. Fue como si se apagara, pero antes de que pudiera avisar a nadie, continuó como si nada hubiera pasado. Fue tenebroso.
-Busqué durante diez años mi juego. Mi padre aseguraba que todos teníamos uno, aquel con el que nos sentíamos en consonancia y que conseguía que nuestra adrenalina se liberara de una manera totalmente placentera.
>>El póquer jamás fue mi juego, ni el blackjack, ni las carreras de caballos ni las de galgos. Ni tan sólo notaba nada jugando a las quinielas o a la lotería.
>>Hasta que apareció ella y con ella el juego de mi vida...